miércoles, 7 de mayo de 2025

Filosofía De La Defensa

 


Filosofía de la defensa
Una mirada holística


 


Génesis: Una especie de Homo Sapiens

Bueno, vamos directo a la parte sapiens, así que la cantidad de cientos de miles de años desde el origen será necesariamente relativa. Teniendo en cuenta el fenómeno que llamamos evolución —aunque, dentro de una misma especie, en rigor, no hay cambios drásticos—, con cierto respeto por los procesos naturales. Porque la evolución implica cambio, y esos cambios suelen venir de catástrofes, mutaciones, etc., dando lugar a nuevas especies o a modificaciones morfológicas evidentes.

La naturaleza del ser humano es actuar. Y también preguntarse si esa "naturaleza" incluye ciertos patrones que se repiten a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, distintas poblaciones enfrentadas al frío tomaron medidas como abrigarse o generar calor, cada una con sus estrategias. Un caso interesante es el de los sherpas, quienes tenían la costumbre de poner a los recién nacidos sobre el hielo: si el bebé lograba regular su temperatura, podía sobrevivir a los fríos extremos. Esto, desde el punto de vista fisiológico, tiene sentido: los humanos tenemos dos tipos de grasa, y la que primero se consume es la que ayuda a regular la temperatura.

Pensamiento holístico: ¿Cómo sabían eso los sherpas? Probablemente no lo sabían conscientemente. Era una forma de selección natural, un conocimiento práctico que se transmitía por generaciones gracias a sus resultados.

Hace tiempo que se dice que somos inconscientes de lo que más sabemos. Es casi una ironía, especialmente cuando se refiere a cómo actúa nuestro sistema nervioso autónomo (respiración, circulación, etc.). Pero también pasa con cosas más simples, como nombrar un color o responder correctamente sin poder explicar por qué. Se suma a esta idea que la conciencia es intermitente: ser consciente de que uno es consciente puede volverse frustrante.

A menudo se nos describe como animales sociales, más gregarios que solitarios.


Construcción de la realidad

Socialmente construimos la realidad. Esta construcción responde a diferentes fuentes hasta que se asienta en un grupo, sea chico o grande. Luego podemos analizar los medios por los que se forma, a qué responde, si hay una intención o solo una inquietud. Y también, si muestra alguna clase de orden y qué valor de verdad tiene eso.

Cuando el niño es niño, durante los primeros meses de vida pasamos de esa primera respiración a gastar nuestras reservas de energía reclamando alimento, etc.


El entorno

Casi todos los mamíferos tenemos patrones de cuidado hacia las crías. Y cuando somos pequeños, procesamos las instrucciones del entorno mientras se forma el ego, esa instancia que organiza ideas y criterios.

El egoísmo se vuelve una herramienta necesaria para que el individuo crezca y actúe en su entorno. En este punto, individuo y entorno están integrados.


Integraciones particulares

Todos deberíamos saber que la vida, tal como la conocemos hoy, tiene raíces primordiales. Por ejemplo, cuando una célula procariota (sin núcleo) se unió a una eucariota (con núcleo) y dejaron su vida independiente para formar una relación simbiótica que persiste hasta hoy.

¿Qué los hizo actuar así? ¿Qué verbos usaríamos para describirlo? ¿Sacrificar, compartir, temer? ¿Qué tipo de intención o espíritu había ahí?

Fue una estrategia adaptativa, sí, pero también una especie de orden que emergió del caos. Como cuando una esfera aparentemente estática se mueve hasta detenerse: no sabemos qué fenómeno físico lo causó, pero pasó.

Y sí, todavía existen descendientes de aquellas primeras células, como prueba de que no todo cambió. Con esa nueva asociación, tuvieron que coordinar reproducción, metabolismo, nutrición… toda una convivencia nueva.

Esto nos lleva a pensar en la evolución de tejidos, del sistema nervioso, circulatorio, esquelético, etc. Como cualquier obra creativa, hay una complejidad creciente.

Y es en este punto que uno podría decir que la sapiencia no es solo humana.


Otro origen: la agricultura

Hace unos años, escuché sobre el origen de la administración de los cultivos. Aquellos que podían acumular y defender lo acumulado: asirios, caldeos, etc. Esta característica se repitió en varias civilizaciones que, sin contacto entre sí, compartieron organización, manejo del agua, expansión, imperio.

En este proceso, pueblos más desarrollados eran desestabilizados por otros, con ayuda de tribus nómadas o “bárbaras”.

Pero ¿quiénes eran los primeros agricultores? Hay poca información sobre ellos. Dos investigadores ingleses analizaron genéticamente restos óseos hallados junto a herramientas agrícolas de hace más de 20.000 años. Esperaban encontrar un linaje común, pero hallaron una diversidad genética mayor que en otros grupos contemporáneos.

¿Cómo interpretamos eso? Una teoría simpática: un chamán medio hippie, aburrido mientras los demás pescaban, observó que tras las crecidas del río, nacían brotes que gustaban a las aves. Con el tiempo, eso fue trigo. Fundaron una comunidad: “Comete una gallineta salvaje engordada acá”. Agua, tierra, guano y semillas de trigo… y nació la primera comuna hippie.

Se volvieron tan atractivos y organizados que los forasteros querían quedarse. Y se mezclaron, como lo demuestra su diversidad genética.

Más realista: un humano en contacto con su entorno interpretó lo que veía. Si vivían junto al río, serían más sedentarios. Eso los hizo visibles para otros grupos, principalmente nómadas, que los vieron como presa. Esos “bárbaros” aplicaban tácticas para debilitar al enemigo: eliminar a los combatientes, fecundar a sus mujeres, robar lo valioso… y repetirlo antes de que los otros se fortalecieran.


En resumen:

La cultura, en sus orígenes, no fue un éxito: fue la parte derrotada. Pero sin caer en dualismos de “buenos vs. jodidos”, diría que hay personas más sanas que otras. Me acuerdo de una frase que una vez le hicieron decir a un actor chino: “La primera cagada que me hacés es tu culpa. La segunda, es mía”.

Los buenos, para madurar, aprenden a disimularlo.


¿Cuál es la filosofía de la defensa?

Abrazar y entender que la cultura no es una competencia. Aceptar que uno puede ser blanco de ataques o guerras, simplemente por existir dentro de un grupo.

Pensar, innovar, crear… suele molestar, salvo que fortalezca lo conservador. Conservar estructuras implica cambios, y esos cambios —especialmente en mamíferos como nosotros, que repetimos patrones— van de la mano del egoísmo y el miedo. Esa combinación hace que queramos conservar la posición de poder.

Como dije antes: el egoísmo es una actitud necesaria en el desarrollo. Pero con la madurez, esa necesidad debería desaparecer. La madurez es cuando ya no tenés que imponer tu posición faltándole el respeto al otro.

Madurar es decidir cómo actuar y ser. La forma de actuar define la realidad, y en una comunidad, esa realidad se vuelve compartida.

Y sí: en todo momento histórico hubo inmaduros con poder para joderle la vida a muchos. Es como una rutina natural.


Naturaleza y espíritu

Observar la naturaleza nos permite ver propiedades más armónicas que las de la sociedad humana. ¿A qué se debe esa armonía?

Se dice que el hombre es un ser espiritual (y yo agrego: todo lo que existe lo es). Esa espiritualidad puede parecer caótica, pero tiende al equilibrio. Y desde ese equilibrio relativo, puede surgir una intención. Como cuando una partícula ofrece una carga a su entorno y se genera atracción o repulsión.

Las intenciones se aglomeran y surgen los espíritus, entidades de una trascendencia mayor. Como dijo Juan-cito: “En el principio fue la luz… y el verbo”. Intentar poner esto en palabras siempre suena paradójico. Nuestro lenguaje tiene límites, y la comunicación es tanto analógica como digital.


Otro resumen:

El hombre es un ser espiritual, y para llegar a ser hombre (maduro), tiene que ser y estar. Lo que cambia en la madurez es que se tiene acceso. A lo que somos y a nuestras posibilidades, que dependen de cómo nos conocemos y nos aceptamos: el cuerpo, la familia, las conductas heredadas.


Hace más de 40 años, en una sala de espera, leí Demian, de Hermann Hesse. En una lectura rápida, cumplió su función. Pero había algo en el personaje “sabiondo” que me chocó. Hablaba mal de los demás, los llamaba dormidos, mencionaba que el cerebro tiene varios cerebros (lo cual, en términos de evolución, tiene sentido). Cuando describía el "cerebro sexual", me pegó fuerte. Recién 20 años después, cuando pude entender la espiritualidad de la sexualidad, entendí lo que decía.


Una filosofía de la defensa es también una encrucijada.

A veces se trata simplemente de actuar o no. En otros casos, es más complejo. Una agresión puede esquivarse hasta que pase. Un agresor que ataca sin provocación pierde más de lo que gana. Poner la otra mejilla puede sonar noble, pero muchas veces es autodestructivo.

Y sí, creo que no es exagerado decir: “Después de mí, solo vendrán falsos profetas”. Cada vez que alguien toma la palabra, desplaza a otros. Así que, si están leyendo esto, gracias por darme su tiempo.

Y si estamos en un viaje largo y varios saben manejar, lo lógico es turnarse al volante. Lo mismo vale para un soberano: si gobierna a través de representantes, el criterio práctico debería ser el mismo.


Gracias por leer.

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